martes, 5 de julio de 2011

Capítulo 2

—Como te lo digo, Sephiroth… Ha desaparecido por completo.
Sephiroth miraba de brazos cruzados al joven SOLDADO que le acompañaba. Era una tarde tranquila, se encontraban en una cafetería del centro de Midgar, silenciosa y prácticamente vacía. Zack se llevaba las manos a la cabeza, desesperado, mientras él escuchaba al chico.
—Pero… ¿por qué demonios le habrá dado por irse? ¿No tienes ni la más remota idea de donde puede estar? —a pesar de su gesto imperturbable, por dentro estaba igual que Zack ya que, al fin y al cabo, Angeal también era amigo suyo.
—No… Lazard me comentó que quizás había vuelto a su pueblo natal, pero yo ya no sé que pensar… ¿Por qué, Angeal, por qué…?
—¿Les atiendo?
Quien había interrumpido tal tensa situación era una chica ataviada con el uniforme de la cafetería. Llevaba una libreta en la mano y su mirada parecía conocer a Zack.
—¿Jien? ¿Eres tú?
—Oh, hola, Zack —respondió la susodicha, sonriendo levemente—. ¿Qué os trae por aquí?
—Un café solo y… —Sephiroth esperó la respuesta de Zack, pero él seguía de conversación con la camarera, nada del otro mundo conociendo lo mucho que le gustaban las chicas al muchacho.
—¿Cómo es que trabajas ahora aquí? ¿No estabas en Shin Ra?
—Sí, pero terminaron despidiéndome hace tres semanas, vaya. Tuve un pequeño desliz y ya May no pudo ayudarme. Ahora estoy aquí de empleada temporal, hasta que cierren la cafetería…
—Oh, vaya, eso es terrible… —respondió Zack.
—Bah, me apaño, no me preocupa demasiado —Jien sonrió y miró a Sephiroth, esperando a tomar nota. Zack se decidió al final por un zumo y la camarera se alejó, dejando a los dos soldados solos.
—Céntrate, Zack, que te la vas a comer con los ojos —le espetó Sephiroth, con una leve sonrisa.
—¿Eh? No te preocupes, ella solo es una conocida.
—Ya, como todas las anteriores, ¿no?
—¡Oye! ¿Qué problema hay en que coqueteé con algunas chicas?
—Que no te centras, y tenemos que encontrar a Angeal, te lo recuerdo —Sephiroth le dedicó una mirada seria.
—Ya lo sé, pero para una distracción que tengo… ¡Ja, ya sé por qué te pones así! ¡Es porque te encantaría hacer lo mismo pero no te atreves!
—No digas estupideces, yo me debo a mi trabajo como SOLDADO y tu deberías hacer lo mismo.
—Apuesto a que no hay huevos de conseguir su teléfono.
—¿Qué?
—Sí, su teléfono, el de la camarera que nos ha atendido antes —Zack sonreía, sabía que Sephiroth era demasiado estirado o demasiado tímido para hacerlo, cuando casi se cae de la silla al comprobar que él se dirigía a Jien sin pensarlo.
Ellos hablaron y de repente el teléfono sonó, debajo de la silla donde había estado sentado. Él sonrió a la chica —Zack juró que era la primera vez que le veía sonreír— y se volvió a la mesa.
—¿Ya está? —Sephiroth miraba triunfante su móvil mientras toqueteaba algunas cosas y luego se lo enseñaba; en la pantalla figuraba un número de teléfono debajo del letrero “Camarera”—. Se llama Jien, por cierto, no seas grosero.
—Sé como se llama, pero tu solo me has dicho que lo consiga.
—¿¡Cómo!?
—Fácil: me he acercado y le he pedido amablemente que llamara a mi número, que no encontraba mi móvil. Ella ha accedido y su número se ha grabado como una llamada perdida —Sephiroth rió suavemente y miró a Zack atónito—. Que te tenga que dar lecciones de cómo tener el número de una chica…
—¡Eso es trampa!
Su conversación se detuvo cuando la joven les sirvió lo que habían pedido y se alejó de nuevo. Zack le dio vueltas a la espuma de su zumo, pensativo.
—¿Es importante perseguir tus sueños…? —terminó preguntando Zack.
—Sueños… —Sephiroth tomó un largo trago de café y se quedó pensando—. ¿Referidos a las imágenes de nuestro subconsciente cuando dormimos o a nuestras metas más queridas?
—Lo segundo —Zack no quiso repetir su científica primera definición.
—Supongo que es importante saber lo que cada uno quiere y perseguirlo, siempre teniendo en cuenta tus posibilidades.
—¿Y si es imposible?
—Nada es imposible en esta vida —él sonrió, confiado.
—Ella quiere ser SOLDADO.
Sephiroth miró a Zack, que miraba otra vez a la camarera. Le estaba dando más importancia de la que realmente tenía aquella muchacha.
—Estás pesadito con la chica, ¿eh?
—Debe ser dudo no poder cumplir tus sueños, eso es todo. ¿Por qué ella no podría ser SOLDADO, como los demás? Me parece injusto, no sé… ¿Sólo por ser mujer?
—Supongo que debe ser eso. Quizás su organismo no esté preparado, aunque claro, con mako cualquiera está preparado.
—Me da rabia que termine sirviendo cafés, tiene potencial como luchadora, menuda tunda me dio —Zack rió al recordar la batalla con las fregonas.
—¿Qué, recordando viejos tiempos?
Otra vez, la chica había tomado asiento junto a ellos. Al parecer, el resto de la cafetería estaba vacío y solo quedaba el dueño, que barría aburrido el suelo lleno de servilletas sucias. No les molestaba, pero si les sorprendía que la chica se tomara esas confianzas con ellos.
—¿No os importara que me siente, no…? Ya no queda ningún cliente más…
—No, no te preocupes —habló Sephiroth amable, aunque distante—. Dime, ¿qué te llevo a saber que querías ser SOLDADO?
—Oh, pues supongo que un poco de todo. La lucha, sobre todo, contra las injusticias, contra aquello que puede dañar lo que quieres. Saber que podrás defender a tus seres queridos de cualquier cosa… Suena un poco peliculero, pero es así…
—No van mal desencaminados tus objetivos —respondió Sephiroth, cuando su tono amable tornó a serio—. Pero, si lograras entrar, tienes por sabido que no te lo pondríamos más fácil solo por ser mujer. Deberías trabajar igual o incluso más hasta rendir como los demás. ¿Lo tienes presente, verdad, Jien?
Claro que Jien tenía eso presente. Era lo que primero había pensado, que sería un trabajo más que duro y que debería esforzarse al máximo para entrar. No sería un camino de rosas, pero ella disfrutaría de cada uno de los pasos que diera en dirección de sus sueños, por lo que asintió y dejó continuar a Sephiroth:
—Hm… Quizás, después de la misión que tenemos entre manos y si conseguimos que uno de los nuestros aparezca, podría hablar con Lazard para que se plantease la idea de incluirte en nuestras filas. Obviamente, empezarías en el rango más bajo, pero si te esfuerzas, podrias llegar incluso a superarme. ¿Por qué no? Nada es imposible.
Zack sonrió al escuchar eso, parecía que Sephiroth después de todo tenía un corazoncito dentro de ese cuerpo de perfecto soldado. Pero Jien no parecía tan feliz como el joven.
—No quiero ser desagradecida, pero… compréndame, Sephiroth —Jien no había levantado la mirada de sus rodillas, con un gesto igual de impasible que el que solía lucir él mismo—. ¿Por qué un soldado de élite, famoso en toda la región, querría ayudar a una camarera a formar parte del ejército?
—Bueno, ¿y por qué no? A lo mejor Zack tiene razón y eres una luchadora implacable, o quizás eres tan inepta que no puedes coger una espada. No lo sabemos hasta que no lo veamos.
—Sigo sin entender por que me haría un favor así.
—Dejaré de ayudarte como me sigas llamando de usted —respondió tajante Sephiroth, con media sonrisa y una fingida molestia—. Entonces, ¿te echas atrás o prefieres tener una posibilidad de cumplir tus metas?
Jien levantó la mirada al fin y miró a Sephiroth. Suponía que su gesto iba a ser burlón o que se estaría riendo de ella, pero el permanecía serio, mirándola a los ojos. Tenían ese matiz verdoso de la energía que circulaba por la ciudad y las pupilas alargadas, como las de un gato. Pero, además del aspecto de sus ojos, ella se fijó en la mirada y no parecía vacilar en lo que le decía.
—Trato hecho.
—Bien, así me gusta, una chica que aproveche las oportunidades —Sephiroth asintió con la cabeza y se levantó, dejando un par de billetes en la mesa—. Quédate con el cambio, se nos ha hecho un poco tarde. Supongo que tendrás noticias nuestras en un mes o así.
—Me  parece perfecto. Espero que te vaya bien, Zack —ella le miró descaradamente, sonriendo, y luego le propinó un golpe en el hombro. Luego, se dirigió a Sephiroth—. Tienes mi teléfono, por si surge cualquier problema. De verdad, no sé como agradecer una oportunidad así…
—Me basta con que la aproveches y que algún día me ganes luchando. Me encantaría verte como una digna rival —él, incluso con palabras amables, seguía mostrándose altivo.
—Entendido. ¡Que os vaya bien! —Jien sonrió y les despidió con la mano.
Aquella noticia le hacía sentirse mucho más animada y motivada para conservar su empleo durante el mes que le quedaba. Despertó al dueño de la cafetería, que se había quedado dormido sobre una de las mesas y le avisó que ella se encargaba de hacer caja esa noche. Tenía ganas de hacer las cosas bien.

Habían pasado dos horas desde que los dos soldados habían abandonado la cafetería y Jien por fin había terminado de contar el dinero que habían ganado: apenas treinta mil guiles. Era una miseria que en un día solo recaudaran eso, pero era un negocio en cese, ¡qué se le iba a hacer! Un chico había aparecido un día, hablando de mucho dinero y de algo llamado “El 7º cielo”, y el dueño no había podido resistir tal oferta, tenía familia y no podía permitirse quedarse sin dinero. Ella, sin embargo, se tenía a sí misma y eso ya era suficiente preocupación.
Dejó el uniforme de camarera en un cajón del despacho y se puso su ropa holgada, caminando hacia la salida de la cafetería, cuando una silueta la hizo detenerse.
Un hombre, con una chaqueta larga de cuero rojo y una espada del mismo color, empuñada y desenvainada, la miraba con media sonrisa. Jien frunció el ceño; lo único que le faltaba era un maldito atraco. Pero aquella espada le decía que era algo más que un simple ratero.
—¿Qué buscas? —le preguntó Jien, tajante.
—Pues precisamente, te buscaba a ti, jovencita —el hombre, de unos veintitantos años más o menos, se acercó a ella, cuando salió de su espalda una joven de la edad de Jien. Unos bonitos ojos rojizos refulgían en la oscuridad, con el pelo moreno en contraste a la piel mortecina—. Tú tienes una información muy valiosa.
—¿Qué información, de qué hablas? Mira, no me toques las narices, que me tengo que largar ya a mi casa, estoy cansada —Jien se dispuso a salir, cuando el tipo de la chaqueta roja la ensartó por el estómago sin ningún miramiento.
—No me calientes, pequeña, o puedes terminar peor. Te he visto hablando con esos dos soldados, ese tal… Fair y con Sephiroth. Dime, ¿dónde se han ido esos dos?
—¡Y yo que coño sé! —Jien se alteraba cada vez más, empezaba a emitir gemidos ahogados de dolor a causa de sentir el metal incandescente de la espada atravesándola—. ¡Además, ¿te crees que te lo voy a decir?, me acabas de atravesar con una puta espada!
—Modera tu lenguaje —habló la joven desconocida, que había permanecido callada hasta entonces.
—¡Tú no te metas, vampiresa de mierda! —le gritó enojada Jien—. ¡Y tú, no pienso decir ni una sola palabra! No soy una vulgar traidora —ella sonrió, con gesto desafiante, que no le gustó nada a su atacante.
—Bien. Entonces morirás por tu silencio.

—Mierda, no lo encuentro por ninguna parte.
Zack rebuscaba en sus bolsillos, sin encontrar su móvil. Sephiroth se detuvo, esperando a que avanzara, pero al final tuvo que retroceder para ver que pasaba.
—Creo que me he dejado el teléfono en la cafetería…
—Puedes vivir una noche sin él, no te preocupes.
—Pero,  ¿y si lo coge alguien? —Zack parecía realmente preocupado por haberlo perdido.
—Entonces llamaré a Jien y le diré que lo guarde, ¿entendido?
Sephiroth tomó su móvil y buscó el número de la chica, que había guardado provisionalmente como “Camarera”. Espero a que diera señal y empezó a hablar:
—¿Jien? Soy yo, Sephiroth. Verás, Zack se ha dejado el teléfono, ¿podrías mirar a ver si está por ahí y…?
¿Sephiroth? Vaya, ¿desde cuando las camareras frecuentan tu estricto círculo de amistades…
Aquella voz de hombre heló por dentro al SOLDADO del pelo plateado. Conocía perfectamente a su dueño, había sido durante demasiado tiempo su amigo.
—¿Génesis?
Vaya, veo que todavía recuerdas mi nombre. Al parecer tus amistades no te hacen olvidar las antiguas.
Génesis, ¿qué haces ahí?
Pues ver a tu amiguita, ¿qué si no? Aunque es muy poco habladora, ¡le he preguntado donde estabas y se ha quedado muda!
¿De qué hablas? Espero que no hayas hecho nada malo. Génesis… —a pesar de haber sido su mejor amigo, quería que volviera junto a ellos. No quería perderlos a los dos, no quería creer que ambos se hubieran pasado al otro bando.
Tranquilo, solo le he enseñado modales. Ya nos veremos más tranquilamente, Sephiroth. Hasta pronto.
Sin embargo, él sabía que había pasado algo malo cuando escuchó el sonido del teléfono colgado. Zack le miró, atónito y algo asustado.
—¡Tenemos que ir a ver a Jien!
—Es una chica lista, ¿crees que se habrá dejado atrapar? —el SOLDADO de primera clase ya se encaminaba hacia el edificio Shin Ra, cuando las palabras de Zack lo detuvieron.
—¡Será lista, pero es noble! ¡Eso quiere decir que se habrá enfrentado a él, y puede haber salido mal parada! ¡Si no me acompañas, iré yo solo!
Zack salió corriendo en dirección a la cafetería, obligando a Sephiroth a ir con él a regañadientes.

En pocos minutos habían llegado. La puerta de cristal se encontraba destrozada y había cristales por todas partes, que fueron pisados por las botas de sus uniformes cuando entraron al local. Zack vio algo que le hizo correr hasta la barra, cuando Sephiroth también lo vio.
Jien se encontraba tendida en el suelo, con una herida enorme en el estómago que le subía hacia arriba. Lanzaba gemidos de dolor casi inaudibles, estaba a punto de desfallecer. Zack intentó agacharse a socorrerla, pero su superior le detuvo, haciéndolo él. Incorporó a la chica, haciendo que escupiera algo de sangre mientras jadeaba intentando respirar.
—Pensé que eras más lista, Jien… —le regañó Sephiroth, con una mirada preocupada.
—Pero no os iba a traicionar, ni a ti ni a Zack —ella se interrumpió para toser otra vez—. Era lo mínimo que podía hacer después de haberme dado esta oportunidad…
Zack miró al otro soldado. No podían dejarla ahí, tal cual, muriéndose con una grave hemorragia en su estómago. Se levantó, decidido, y con la chica aún en brazos.
—No es muy ético dejarla aquí, ¿no? —le preguntó a Zack, que temblaba de puro nervio en el sitio.
—¡Tenemos que llevarla a algún médico! ¡A algún especialista, Génesis la ha abierto en canal! —sus palabras provocaron que Jien se desmayara del todo, ayudando a Sephiroth a colocarla mejor en su regazo. De repente, Zack gritó la solución—. ¡Hojo! ¡Es el único que puede arreglar este estropicio!
—Zack, no. Hojo no —aquella irracionalidad ante el científico más inteligente de Shin Ra no era normal en el soldado de primera clase, pero Zack lo entendía: los rumores que corrían acerca de ese hombre no eran nada buenos.
—Es su única esperanza, Sephiroth…
Zack frunció el ceño e intentó mirarle para convencerle. Él lanzó un suspiro y dio su brazo a torcer, haciendo que el muchacho pusiera rumbo hacia el edificio Shin Ra de nuevo. Les quedaba por recorrer un trecho de cinco minutos a paso ligero y no sabían si la chica, —como civil herido que era y que debía ser socorrido—, sobreviviría cinco minutos más, pero era su única esperanza de conservar su vida. Los dos soldados, de vez en cuando, miraban el cuerpo de la joven, que sangraba en cantidades menores, aunque continuamente por desgracia.
Esperaban llegar a tiempo para evitar que todo hubiera acabado. Y ambos sentían cierta culpabilidad por aquella situación.



viernes, 1 de julio de 2011

Capítulo 1

Capítulo 1

Los rayos de luz tibia del sol iluminaban la metálica e industrializada ciudad de Midgar, haciendo brillar cada edificio, cada placa que recubría los grandes extractores que dormían a las afueras de la ciudad. Era un día normal y corriente, laborable para la mayoría de sus sencillos ciudadanos, incluso para los que trabajaban en la corporación Shin-Ra.
Bien era cierto que para ellos era un día diferente: las tropas de los ejércitos de Midgar volvían tras finalizar la campaña de Wutai. El papeleo y la burocracia se multiplicaban en momentos como esos, sobre todo en el recuento de heridos y bajas. Las guerras cada vez eran más suaves, las milicias enemigas de la compañía de energía cada vez eran menores. Todos parecían rendirse ante la gran empresa que era Shin-Ra en aquel momento. Sobre todo, con su nuevo batallón, los flamantes superhombres que componían SOLDADO.
Eran el orgullo de Shin-Ra, con sus plateadas hombreras, sus cascos de alta tecnología, sus duros brazos llenos de cicatrices y, sobre todo, la limpia mirada de sus ojos azules, imbuidos en mako, la sustancia que les dotaba de aquella fuerza y velocidad superiores.
Shin-ra crecía tanto como las características de sus trabajadores y soldados a sus ordenes. Era la mayor potencia del país. Y por ello, todo lo que rodeaba a Shin-Ra en la magnifica ciudad de Midgar brillaba como el oro. Teatros, calles, tiendas, franquicias; todo ello gracias a la mejor empresa que se encargaba de otorgarles la energía necesaria para una cómoda y digna vida.

—Cinco minutos para llegar a Midgar, chicos.
El piloto siguió observando el azulado cielo mientras se dirigía al helipuerto del edificio Shin-Ra. Mientras tanto, Angeal volvía a recibir un golpe en el brazo de su incansable acompañante, Zack.
—¿Has oído, Angeal? ¡Cinco minutos! ¡Estoy deseando ver a las cámaras y los flashes y…! —Zack no paraba de botar emocionado en su sitio, dando brincos, riendo. Angeal rebufó, mientras los demás tripulantes reían.
—No callará durante el resto del viaje… —la voz grave procedía de otro soldado de la misma clase que Angeal, que observaba el suelo metálico del helicóptero, enmarcada su visión por cabellos plateados y lisos.
—Resígnate, Sefirot, es de segunda clase —respondió Angeal, cansado.
—Créeme que lo sé…
Los dos soldados de primera clase miraron con desaprobación al joven Zack, que inmediatamente detuvo sus movimientos, quedando serio y quieto, a la par que aburrido.
El resto del viaje continuó tranquilo y silencioso, apenas interrumpido por la comunicación por radio con el piloto y el helipuerto. Finalmente, el helicóptero aterrizó, terminando así con el castigo de mantenerse tranquilo de Zack. Sonrió juguetonamente y salió corriendo, empujando a varios soldados de tercera clase. Angeal cubrió su rostro con una de sus enguantadas manos, pero uno de los soldados de primera clase le tranquilizó, colocando una de las suyas en su hombro.
—Es joven y vital, como todos a su edad. Déjale libre cual cachorrillo.
—Esa es buena —admiró Sefirot, pasando delante de ellos con media sonrisa.
—Demasiado vital… —comentó Angeal, caminando tras su amigo.
Los tres soldados caminaron hacia el vestíbulo para tomar otro hasta el despacho de su director, cuando una bandada de fotógrafos les asaltó nada más llegar.
La mayoría de los flashes hacían resplandecer el pelo plateado de Sefirot; era muy querido por las cámaras. Los clubs de jovencitas gritando su nombre ya eran algo común en cada recibimiento, mientras Zack reía y le comentaba a Angeal lo tímido que era Sefirot para ser tan famoso.
Al fin, el departamento de los Turcos les llevaron hasta el otro ascensor. Un joven pelirrojo con una pícara sonrisa les guiñó el ojo, mientras contenía a cinco fans que le atacaban con cuadernos y rotuladores, esperando un autógrafo de sus queridos soldados.
—No aguantaré otra emboscada como esa… —Sefirot se dejó caer sobre una de las paredes metálicas del ascensor, esperando a que éste llegara al despacho de su director.
—Cómo te gusta desaprovechar las oportunidades —replico aquel soldado de primera clase, que gozaba de la confianza de los dos héroes, mientras le miraba con las cejas arqueadas—. Ahora que eres joven y todavía estás de buen ver. Disfruta de la compañía femenina, antes de convertirte en algo como este.
—¡Eh! —replicó Angeal, mientras los otros dos reían. El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron; habían llegado ante el director de SOLDADO.


Lejos del ambiente rudo y bélico del sector SOLDADO, muchas plantas más abajo, se encontraba la zona común del edificio: la cantina, famosa por su ambiente, su calidad y sus bajos precios. Allí, turcos, soldados de tercera clase, empresarios o científicos con sus batas blancas, se olvidaban de sus diferentes rangos para conversar tranquilamente mientras compartían el tiempo del almuerzo.
—Jien, vigila la olla…
El servicio era agradable a la par que experimentado y disfrutaba viendo a sus comensales degustando la comida casera que allí se preparaba.
—Jien, te he dicho que vigiles eso.
La especialidad por la que más de un curioso se infiltraba en el edificio eran los zumos de Banora Blanca, refrescantes a la vez que dulces. Era la bebida más famosa de todo Midgar y la fabrica de aquel refresco era propiedad de Shin Ra, por lo que solo se vendía en su cantina.
—¡Jien, fuego!

La llamada Jien no era otra que la chica que contemplaba el cielo desde el ventanuco de la cocina, sin prestar atención a la olla que había junto a ella, ahora mismo en llamas. La cocinera, de edad adulta, fue corriendo a sofocar el fuego, estropeando desgraciadamente la comida que había en la lumbre.
—¡Lo siento, May! ¡No, no lo hice aposta!
La mujer dejó el pesado extintor que había tomado cuando comenzó a arder la comida y miró a la chica. Era menudita, castaña, con el pelo recogido en dos graciosas coletas. Las tiritas y vendas que poblaban sus brazos y sus piernas daban una imagen muy clara de alguien distraído, torpe, despistado. Sus ojos, grandes y marrones, miraban a May intentando que aquel error no fuera decisivo en su trabajo.
—Mira, Jien… yo ya no sé que hacer contigo, de verdad. Es la tercera cazuela en esta semana que se echa a perder porque sueñas con una vida diferente a la que te toca.
—Pero, May, no tengo otro sitio a donde ir, ¡por favor, dame otra oportunidad!
May buscó a su alrededor hasta encontrar lo que quería. Luego, se lo tendió a Jien, que miró atónita el cubo y la fregona que sostenía entre las manos.
—Mira, eres una chica trabajadora y que si se esforzara por tener los pies en la tierra sería una persona magnifica, pero yo aquí no te puedo tener, por que realmente es peligroso. Tus sueños lo son, pequeña —May suspiró. Tampoco quería ser tan dura con la chica, pero no tenia otro remedio—. Olvídate de todas esas tonterías, anda, y preocúpate de mantener un lecho y una comida al día, ¿entendido?
—Sí, señora…
—Muy bien. Ahora ve, y anda a fregar el vestíbulo.

Eran tiempos difíciles para las ganas de aventuras y los sueños de Jien.  Había entrado a formar parte de la empresa Shin Ra poco después de llegar a Midgar en busca de un futuro mejor. Ya había sido secretaria, camarera, encargada de las cocinas y ahora limpiadora.
Pero ella lo que realmente deseaba era vestir la chaqueta de canalé azul marino de los SOLDADOS, que sus ojos brillaran del mako que hubiera en su cuerpo, manejar aquellas espadas tan especiales…Tomó la fregona con la que apenas había limpiado la tercera parte del suelo marmóreo y empezó a juguetear con ella, usandola como si fuera su curiosa espada particular. ¡Ella tenia madera para hacer eso! Pero no conocía de ninguna mujer en el batallón SOLDADO, seguramente por que las destinaban a los Turcos o al departamento científico o simplemente como meras empresarias. Quizás es que todavía no había ninguna que se hubiera presentado, no les interesaría arriesgar su vida luchando.
Para poner fin a su acrobática distracción, dio un salto, giró sobre si misma y apuntó con el mango de la fregona a la nada, bueno, lo que ella creía que era la nada.
Frente a ella, con una sonrisa de sorpresa, se encontraba un chico poco mayor que Jien. Lucia un curioso peinado con el pelo de punta y dos mechones enmarcando una gesto que parecía el de un niño. Para su sorpresa, el muchacho vestía un uniforme de SOLDADO de 2º  clase.
—¡Eh, cuidadito chavala, que casi me das! —habló el chico, sonriente. No parecía molesto, más bien, parecía haberse divertido con su actuación.
—¡L-lo siento! ¡No quería molestarle, señor! —Jien bajó inmediatamente el palo de la fregona, avergonzada, cuando escuchó la risa del chico.
—¿¡Señor!? ¡¿Pero cuantos años me echas, mujer?! —él no podía dejar de reír y Jien sintió un alivio dentro de sí; no estaba enfadado por suerte—. Mi nombre es Zack Fair.
—En-encantada —ella intentó sonreír y fue a tomar la mano que él le tendía, cuando tropezó con el cubo y lo tiró al suelo, dejando caer también la fregona.
—¡Anda que…! ¡Si quieres entrar en SOLDADO, tendrás que ser más cuidadosa!
—Yo soy Jien Flames —intentó presentarse ella, cuando dio crédito a lo que él había dicho—. ¿Entrar en SOLDADO…?
—Al menos esos movimientos parecían procedentes de cualquier soldado, ¿no? Mira que usar la fregona como espada, ¡con la de armas que habrá en este edificio!
—Otra cosa es que yo tenga acceso a ellas.
—Bueno, mujer, no te desanimes, seguro que algún día tendrás acceso. Ya lo verás.
Parecía muy fácil decirlo, pero Jien seguía mirando al suelo encharcado, apoyada en el palo de la fregona. El entusiasmo de aquel chico llamado Zack solo conseguía deprimirla más.
—¿Eres… de SOLDADO, no? —sacó fuerzas ella al final para preguntar.
—¡Sí! ¿Se nota, eh? —su tono tan descarado animó a Jien para seguir hablando.
—Sí, sobre todo por las pintas de gallito que gastas…
—¡Eh! ¡Pero bueno…! —esta vez fue ella quién se rió.
—No te ofendas, pero te pavoneas mucho solo por llevar ese uniforme…
—¡Envidia!
—Pues sí, para que engañarnos…—Jien sentía como Zack la miraba con cierta rivalidad. Parecía que no hubiera visto a una chica que supiera jugar como él—. ¿Por qué no me enseñas unos cuantos movimientos de esos que hacéis en los entrenamientos? Estoy segura de que podría ganarte con los ojos cerrados.
—¡¿Una niñata sin experiencia intentando ganarme a mí!? ¡Ni lo sueñes!
—Pero no tienes un mocho como este con el que defenderte… ¡Así que te ganaré mejor!

Media hora más tarde, los dos habían recibido palazos por todo el cuerpo y no dejaban de reírse. Los ejecutivos de Shin Ra les miraban al pasar, a un SOLDADO y a una chica de la limpieza, cada uno empuñando una fregona y sentados en el suelo, sin dejar de soltar carcajadas.
—Vale, he de reconocerlo, hacía tiempo que no entablaba una batalla tan absurda… ¿Qué hora tienes, Jien?
—Son… las dos de la tarde, creo…
—¡Mierda! —Zack se levantó de un salto ágilmente, tendiéndole la fregona a la chica—. ¡He quedado con Angeal en el despacho de Lazard justo ahora!
—Oh, pues corre antes de que te castiguen sin postre.
—Eres mala, Jien.
—Gracias —ella sonrió y se puso de pie, despidiendo enérgicamente a Zack con el brazo mientras seguía limpiando el suelo.
Dudaba mucho que aquel encuentro dependiera de sus sueños y de su futuro, por lo que siguió sacando brillo al suelo, que formaba un gigante espejo, haciendo que el edificio Shin Ra brillara con luz propia. Y, en el centro de ese enorme resplandor, se encontraba ella, con sus coletitas infantiles, sus ojos marrones, su ropa ancha y su mandil sucio. Que buen aspecto para una SOLDADO.

Disclaimer y prólogo

Disclaimer
I don't own anything of the universe Final Fantasy VII, who belongs entire to Square Enix.


Atención 
Los personajes utilizados a continuación no me pertenecen. Excepto Jien, Gabi, Veronica y Diana, quiénes son personajes originales que no están ligados con Final Fantasy VII ni a Square Enix.

Prólogo:

"Sé perfectamente cuales son las normas que hay que cumplir para que un fic sea bueno. En especial, la regla de oro: que tu protagonista tenga un contacto mínimo con los canon's y que no intente hacerse el héroe.
Demonios, ¿por qué?
Publico este fic, que lleva madurando en mi cabeza durante tres largos años con la única esperanza de plasmarlo en un sitio y que quede escrito ahí, para que la gente lo lea si lo desee y si no, que pase de largo.
Este fic es mío. Y como es mío, yo pongo las normas. Mary Sues, OoC, bashing, etc. son términos que conozco a la perfección y que voy a ignorar. ¿Por qué? Por que este es mi blog y aquí las normas las pongo yo.
La trama de mi querido fic fue modificada demasiadas veces con el único objetivo de esquivar todas esas normas estúpidas que coartan la libertad creativa de la gente. No voy a hacer una chica con el pelo de diez colores, los ojos de cinco distintos, con un poder mayor que el de Sephiroth y Aerith juntos, y que sea la hija ilegítima de Ifalna y que haga que Vincent sea un cachorrito adorable y tierno que llore por nada. Pero voy a hacer a una tía cañera, que diga lo que piensa, que se avergüence, que diga palabrotas, que se comporte como un personaje real, que tenga sentimientos reales. Y que quiera cumplir sus sueños. Y si un personaje es Mary Sue porque quiere ser SOLDADO, cuando es la única mujer en ese batallón, ¡pues lo es! Por que hay cosas que no voy a cambiar por muy mal que estén. Digo yo que si me he molestado en escribir todo esto y en no cometer faltas de ortografía ni de gramática, quizás mi fic merezca una oportunidad. Sin más demora, aquí esta mi fic. Espero que os guste."